RIMPAC: la logística y los desafíos de la Armada para el operativo

La fragata Almirante Lynch, con más de 200 personas, y un pelotón de 36 infantes de Marina participan en el ejercicio naval más grande del mundo, que se realiza en Hawai y donde la Armada de Chile encabeza su Componente Marítimo. Es un reto militar, técnico y humano que obliga a entenderse con otras culturas, a coordinar detalles previos que van desde repasar entrenamientos y chequear equipos hasta comprar pasajes aéreos, y a no descuidar a los que quedan en casa.

El bicentenario de la Armada de Chile la sorprende con rol protagónico en un operativo multinacional: RIMPAC, que cada dos años reúne a las Marinas del Cuenco del Pacífico. Será la que encabezará el Componente Marítimo de este operativo a gran escala, con 29 países -Estados Unidos, Canadá y Australia, entre ellos-, 25 mil hombres y mujeres de idiomas y culturas varias, 50 buques, cinco submarinos, 200 aeronaves.

“Es el ejercicio naval y marítimo más grande del mundo y la componente marítima es la que cumple los roles principales en su desarrollo”, resume el Comodoro Pablo Niemann, que comanda la presencia local en esta versión 26, que entre el 27 de junio y el 2 de agosto se desarrolla en Honolulu, Hawai. Allí partió RIMPAC, el Rim of the Pacific Exercice (‘Ejercicio del Borde del Pacífico’), en 1971, navegando en las aguas de la Guerra Fría, como evento de preparación militar del bando occidental, para saber interactuar ante eventuales crisis bélicas, y que desde entonces ha mutado.

“RIMPAC es un ejercicio multidimensional, en donde se entrenan operaciones de control marítimo, de seguridad marítima, de apoyo humanitario, de control de desastres, de organización y conducción de fuerzas en manejo de crisis y empleo del potencial bélico, entonces ofrece una amplia gama de experiencia y conocimientos nuevos que implementamos en nuestro quehacer operacional”, agrega Niemann.

Lo de la Armada de Chile liderando viene en escalada; está en RIMPAC desde 1996 (con ausencia en 2010 por derivados del Terremoto) y dos veces estuvo antes como segunda a cargo del Componente Marítimo. Ahora se preparó un año y medio para sumarse a la fuerza multinacional con la Fragata Almirante Lynch y un pelotón de infantes de marina que por vez primera, también, se suman a las Fuerzas de Desembarco. “Voy con un grupo de conducción de 52 oficiales y gente de mar, va un pelotón de infantes de marina de 36 personas, un oficial y 35 soldados del mar, y de la fragata mas de 220 personas”, explica el Comodoro.

Entenderse

El capitán de navío Daniel Muñoz comanda la fragata antisubmarina type 23 FF-O7 Almirante Lynch. Zarpan este 24 de mayo y llegan el 26 de junio a Hawai, con una parada en San Diego California. “Ahí se conforma una agrupación multinacional de buques en que vamos haciendo ejercicios básicos, en el tránsito desde San Diego se van dando ciertas destrezas parta interoperar bien cuando se llegue”, cuenta.

La preparación ha sido dura, desde lo táctico a lo técnico, incluyendo mantención de equipos, aprovisionamiento de repuestos y sacar pasaportes, entre muchas otras cosas. Es harto lo que se hará en el Pacífico de la otra mitad del mundo, y hay que cumplir bien con seguridad ante todo: “Vamos a interactuar con buques de distintos países y a probar nuestra real capacidad operativa, desde comunicarnos con radiofrecuencia hasta hacer maniobras de aprovisionamiento de petróleo. Iremos de menos a más en complejidad, hasta llegar a una situación ficticia de conflicto, donde un país requiere de apoyo frente a una organización que genera amenaza internacional”, adelanta Muñoz.

“Lo más complicado, creo yo, es poder estandarizar y repetir procedimientos para que nos podamos comunicar bien, porque si bien el idioma que se usa es el inglés, que es el idioma universal que usamos en la Armada, hay un tema cultural y el hecho de que con algún buque de otro país no sabemos su nivel de entrenamiento o destreza. El desafío es interoperar con buques nuevos, o de distintos países, con otras tecnologías”.

Entre ida y regreso serán casi tres meses fuera, así que los hombres y mujeres descansan en la previa a la partida. “La semana antes del zarpe mi dotación queda de franco, y bien vienen a tomar guardia a quienes les toca, pero la idea es que se desconecten, estén con sus familias, que se preocupen de sus cosas personales”, explica el oficial.

“Hay que preocuparse de que la familia quede bien, y Bienestar (de la Armada) se preocupa de nuestras familias en términos de que haya asistencia social, psicológica y jurídica”, indica Muñoz. “Nos asignan también un buque partner, que queda en Valparaíso y que queda de apoyo y como nexo de enlace entre las familias y nosotros”.

Por separado

Juntos, no revueltos: los 36 infantes del Marina del Batallón IM Nº 21 Miller viajan por separado. “Vamos en vuelo comercial hasta Hawai. No podemos viajar todos en la fragata Lynch, que va con la dotación completa y es de combate, no de transporte”, detalla el subteniente Ernesto Iribarne, que lidera el grupo. “Lo que sí tenemos en el buque es un soldado que es mecánico armero, y es el responsable de llevar todo el equipo que recibiremos en Hawai, nuestro armamento y equipos de combate individual”.   Vuelan el 25, dos días antes del ejercicio donde son debutantes. Los infantes estarán en maniobras con estadounidenses, coreanos y efectivos de otros países de Asia. “Nos hemos enfocado en puntos específicos como las operaciones anfibias en ejercicios combinados con armadas de otros países; también lo que es combate urbano y las operaciones helitransportadas. Todo eso lo hacemos, pero como uno sabe que son objetivos en este ejercicio, les da un poco más de prioridad en el entrenamiento”, explica.

No habrá mucho margen para el descanso en lo que dure RIMPAC 2018. “Sabemos eso sí que el 4 de julio, día de la Independencia de Estados Unidos, vamos a tener día libre”, añade Iribarne.

Asados y bendiciones

Ritos antes de partir: “Hubo una ceremonia ecuménica católica- evangélica a bordo. Por el lado católico se bendijo una Virgen del Carmen y el capellán naval nos bendijo el puente de mando. Todo ayuda para estar cerca de Dios”, dice el capitán Daniel Muñoz.

Ritos antes de partir: “La verdad es que cábala no tenemos, pero sí es normal juntarse con los más cercanos en un asado antes de salir y en uno a la vuelta”, cuenta al subteniente Iribarne. Lo que viene después es una breve concentración: “Viajamos justo el día lunes, así que es probable que nos juntemos el fin de semana o el domingo en la noche y nos vayamos juntos al aeropuerto”.

Entre los infantes hay gente de entre 21 y 33 años en promedio, y el mayor es el sargento y segundo comandante del pelotón, que tiene 40. Acá el tiempo que se estará fuera de casa se siente menos, afirma el oficial. “Nos vamos 40 días, que es como el mismo tiempo que cuando vamos a entrenamiento a distintas partes de Chile”, comenta.  La nostalgia acá no es tanta entre los familiares. El subteniente, de nuevo: “Los más jóvenes (del pelotón de infantes) bromeaban con que se van un mes y en la casa les dicen que ya están grandes y ya no deberían volver (ríe). A más de uno le ha pasado también que cuando nos vamos a terreno en Chile (las esposas y pololas) nos desean suerte, pero ahora que vamos a Hawai… ¡nos piden que las invitemos! (ríe)”.